Opinión

Bolívares: Por. Williams Caballero López

Opinión.- Se acuerdan de aquellos días, se acuerdan de aquella moneda gigante de Bs. 5 que llamaban «el fuerte» (ese sí que era robusto y duro de gastar), se acuerdan de cómo rendía en las manos de cualquier niño de esos años en medio de una Venezuela Saudita donde el más pobre montaba su sancocho a las orillas de un río cercano.

Ir a la bodega en ese tiempo es – para los ojos del presente – el recuerdo de unos tiempos felices. En aquella época, te mandaban corriendo a la bodeguita de la esquina donde vendían de todo. Desde productos de limpieza hasta el paquetico de café.

Aquellos que son muy jóvenes no deben saber  el como con una sola moneda usted podía comprar un montón de cosas y regresar a su casa aun con unas puyitas de vuelto. Eran los tiempos de una Venezuela pujante, desarrollada y sólida en el tema económico.

Un billete de Bs. 100 – de aquellos marrones con el rostro real del Libertador – era una millonada, con ese se hacía un mercado de carrito lleno hasta los teque-teques como decíamos en aquellos días. Allí no faltaba nada, y la cosa rendía para todo y para todos.

Y ni hablar del billete de la orquídea, el de “500 bolos”. ¡Ajá! Sé que se están cayendo las cédulas, como se cayó la mía; sin embargo cómo no recordar esos días donde ser pobre no era sinónimo de pasar hambre porque aquí hasta el menos pintado comía y lo hacía bien.

¿Había problemas sociales en esa Venezuela de los 70, 80 y 90? Claro que sí, es imposible negarlo, no obstante jamás aquella realidad es comparable con la crisis actual. Nunca vi en mi infancia, ni adolescencia, ni tampoco en mi temprana adultez a ningún venezolano comiendo de la basura, jamás vi a ningún venezolano huyendo – por las fronteras – de este suelo sagrado.

Aquella Venezuela sí tenía sus dificultades, pero estaba llena de alegría, de bonanza, de esperanza y de paz. Ahora, luego de 21 años de socialismo, la cosa es muy diferente, aquí se huye del hambre por trochas y caminos verdes, aquí los niños – cuando tienen clase – se desmayaban en los salones de las escuelas, aquí el índice de muerte materno-infantil es asombrosamente lamentable y cruel.

En este presente, los bolívares son un chiste económico, la moneda nacional – aquella que lucía vigorosa y fuerte – solo quedó para dar vuelto, completar los “picos” en centavo en la compra-venta en dólares o para pagar el pasaje en el autobús o en la buseta.

Mientras en la “cuarta” el bolívar valía, rendía y era respetado fuera de las fronteras nacionales, en la “quinta” quedó agotado, descontinuado y devaluado; a tal nivel que los colombianos hacen artesanía con él en la frontera o los botan en los cestos de basura.

Hoy recuerdo los bolívares de mi juventud, aquellas monedas con las que podías hacer mil cosas, y me lleno de tristeza – y lo confieso en estas líneas –.

Me entristece el ver como unos incapaces aniquilaron la economía de un país, y por culpa de ellos pasamos de ser la envidia de América del Sur a ser la pena de todo el continente. Pobre de Venezuela si sigue en estas manos.

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