Opinión

Censura

  Opinión.- . Como comunicador social y como venezolano conozco muy bien la palabra: «Censura» y por lo tanto emitiré – muy respetuosamente – mi opinión sobre lo sucedido en los Estados Unidos y el veto digital que sufrió el presidente Donald Trump de la mano de las plataformas digitales: Twitter, Facebook e Instagram.

Como periodista estoy en contra de cualquier forma de censura, esta acción es aborrecible y plenamente criticable, sin embargo hay un aspecto más preocupante todavía, y este es el cómo los dueños de las plataformas digitales pudieron silenciar al hombre más poderoso del mundo. Inaudito.

No solo callaron al Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica sino a 75 millones de seguidores (solo en Twitter) que generaban contenido en su cuenta a través de comentarios a sus trinos, al darle Retweet o al citar y agregar sus propias opiniones.

Los administradores de las plataformas digitales dieron de baja a las cuentas de Trump con los débiles argumentos de que «mentía» e «incitaba al odio», sin embargo estas mismas herramientas digitales permiten que Hezbolá o el Estado Islámico mantengan sus plataformas abiertas.

Es decir, dictadores o representantes de regímenes anti-democráticos y violadores de los Derechos Humanos pueden seguir activos en las Redes Sociales, mientras que el presidente Trump – el único mandatario de EEUU que no inició una guerra y además logró tres acuerdos de paz durante su gestión – no puede hacerlo porque «promueve la violencia». ¿Es un chiste?

Trump magistralmente declaró: «No vienen por mí, vienen por todos ustedes; lo que sucede que yo estoy en el medio». Y, más allá de la retórica, su expresión tiene mucho de cierto. Si los dueños de las plataformas digitales pueden silenciar al presidente de los Estados Unidos porque no hacerlo con todas aquellas personas que profesan ideas que van contra sus intereses.

Y este escenario no es hipotético, sino una realidad. Cada vez más los mensajes conservadores, pro-vida, nacionalistas, y promotores de la familia son silenciados y ocultados, mientras que los mensajes pro-aborto, pro-eutanasia, pro-homosexualidad son auspiciados, visualizados e incluso glorificados.

No se trata de Donald Trump o de los dirigentes republicanos y conservadores censurados en EEUU, se trata que mañana veremos cómo silencian a Jair Bolsonaro en Brasil, a Matteo Salvini en Italia o a Santiago Abascal en España, y no crean que estoy exagerando, pues ya un parlamentario conservador francés, Joachim Son-Forget fue baneado de Twitter por el hecho de cuestionar la medida contra Trump.

La pregunta es ¿nos quedaremos impávidos ante esta nueva realidad? Creo que no, ya se cuentan por millares los usuarios dentro y fuera de EEUU que emigraron a otras plataformas como Parley y Gab (esta última siendo negociada para ser adquirida por el propio Trump) para burlar la censura de Twitter.

Hay quienes justifican la medida al argumentar que «las redes sociales son empresas privadas y como tales pueden reservarse el derecho a admisión», y frente a ello pudiera responder que sí, son consorcios privados, sin embargo no estamos hablando de un restaurante o sala de fiesta, estamos hablando de un área de impacto social y que abarca un derecho: La libertad de expresión.

Entonces, así como es desdeñable que una Clínica Privada no admita a un herido grave porque no tiene dinero o seguro médico, así como es molesto – para decir lo menos – cuando el transportista cobra lo que le viene en gana porque «el autobús es mío», de esa misma forma es inaceptable que se silencie a alguien porque «soy el dueño de la plataforma».

Por todo esto, lo reitero: No a la censura.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

José Dionisio Solórzano / www.dionisiosolorzano.blogspot.com / @jdionisioss

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