Opinión

Deseos, objetivos y estrategias: Por, José Dionisio Solórzano

 Opinión.- ¿Qué le falta a la oposición venezolana? Y ¿Qué le sobra? Primero, es muy evidente que a la disidencia opositora le sobran deseos de libertad.

En todos los rincones del país se escucha y se siente un solo clamor: ¡Cambio!

Sin embargo, como decía mi abuela Julieta «deseos no preñan». No basta con desear, querer o aspirar a un cambio para el país, éste se debe conquistar con lucha y sobre todo con unos objetivos claros y una estrategia definida.

Ahora bien, cuando hablamos de objetivos nos referimos a la necesidad de establecer un Objetivo General y muchos específicos. Como es obvio, el General es «lograr el cambio de gobierno y/o de sistema» para Venezuela.

Lo que no está claro son los objetivos específicos. A todas luces la oposición venezolana carece de metas precisas para alcanzar el Objetivo General. No hay definida una ruta de acciones o pasos que faciliten la salida de la crisis política venezolana.

Además, la línea estratégica – transformada en mantra político – de aquello de «Cese de la Usurpación, Gobierno de Transición y Elecciones Libres» quedó renegada y envejecida antes de tiempo. Luego de casi dos años de este camino, es más que evidente que la tesis planteada o la vía transitada no cumplieron con las expectativas de millones de ciudadanos.

Empero, es vital para las fuerzas democráticas el rectificar el planteamiento y cambiar la dirección tomada y adaptar el rumbo de ese barco que se llama Venezuela.

Es decir, la ruta del «Cese de la Usurpación, Gobierno de Transición y Elecciones Libres» ya no funcionó; ya cumplió su ciclo de vida útil. Por ende, es importante cambiarla y relanzar un nuevo esquema de trabajo para la oposición democrática de Venezuela.

El liderazgo opositor – que se mantiene debido al firme, loable y contundente apoyo de la administración de Donald Trump en los Estados Unidos de Norteamérica – no puede seguir sobreviviendo con el oxígeno que recibe desde la Casa Blanca, es momento que avance gracias a sus propios méritos y capacidades.

Es hora que la dirección de la oposición escuchen otras voces que pululan en su seno o a su alrededor. Ya que seguir en la misma senda estratégica sería deambular en círculos, mientras Nicolás Maduro se eterniza en el usufructo del poder.

Y, para lograr esto, para alcanzar una nueva cohesión se necesita mayor nivel de madurez política. Se debe evitar que las vísceras sigan dominando las decisiones de aquellos que deberían estar creando puentes y no levantando muros entre los mismos sectores que aspiran la democracia y la libertad para Venezuela.

Sin estrategia el éxito sería pura casualidad; sin objetivos claros el triunfo solo sería «un golpe de suerte», y una lucha – aunque sea justa – si carecen deseos reales está condenada a ser esfuerzos en vano.

¡Señores! Ya basta de improvisación, ya basta de ensayos y errores. Si le meten cerebro y voluntad, las cosas saldrán mejor, y si en cambio continúan atados a sus mezquindades y sus deseos más egoístas, entonces seguiremos teniendo a Nicolás Maduro mucho más tiempos sentado en la Silla del Palacio de Miraflores.

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

 

 

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