Política

Economía en tetas

Opinión-. En cierta medida la economía venezolana – la de calle, la de los bolsillos limpios – se mide en tetas. Sí, así como lo lee, en tetas.

En cada comunidad vemos vendedores de tetas de café, de azúcar y hasta tetas de aceite, muchísimos venezolanos no pueden costearse el valor de un litro de aceite o un paquete de café y es por ello que surgieron los vendedores de esta modalidad como una forma más económica para “resolver el día”.

Además, los vendedores de helados en tetas se han incrementado a lo largo y ancho – de por lo menos – la zona norte de Anzoátegui, pues este negocio luce, y es, más lucrativo que estar horas y horas tras un escritorio obteniendo por esa labor un sueldo mínimo que no alcanza para absolutamente nada.

Hace un par de días me topé con un conocido quien desempeñaba funciones en una institución pública, al principio dudé que fuese él, ya que solía verlo con traje y corbata, y esta vez andaba de jean, con franela y un gran sombrero, estaba en plena faena vendiendo tetas de chocolate, y otros sabores.

Al conversar amigablemente con él me explicó que vendiendo “sus tetas” le va mucho mejor que cumpliendo sus tareas en la institución del gobierno. Y este caso no es aislado o único, así andan decenas de personas, buscando el dinero que falta en muchísimos hogares venezolanos.

Hace un par de días, en la cola de un banco, escuché a otro comerciante de “tetas heladas” conversar con un amigo y explicarle los niveles de inversión, costo y comercialización, su conocimiento era tal que hablaba de las horas claves, de los puntos neurálgicos, y de la competencia.

Su experticia en el área llegaba a tal nivel que dio, en cuestión de unos 5 minutos, las diferencias de la clase de “tetas” en relación a la cantidad y la calidad de los ingredientes, además de darse un paseo por los puntos de ventas y los diferentes precios del producto. Fue una detallada clase de mercadeo, producción y comercialización del producto helado.

Así está la actual Venezuela, la crisis nos ha obligado a diversificarnos, a salir a trabajar en lo que sea. Ya se terminó aquel país de profesionales bien pagados y de técnicos de primer orden, ahora más de uno – con su título colgado en la pared – ha tenido que sobrevivir haciendo lo que pueda en medio de tanto caos.

Este es el país de la eventualidad, pues eventualmente muchos venezolanos optaron por ser taxistas, hasta que las “carreritas se incrementaron” y la gasolina se escaseó y se encareció de forma exponencial; luego llegaron los bachaqueros de harina, arroz y pasta, luego los bachaqueros de combustible, y ahora los vendedores de tetas. Esta es la vida y la economía en Venezuela.

Ahora, esta informalidad – que no es nueva en el país – no puede institucionalizarse o extenderse aún más; el país debe enrumbarse a la institucionalización del trabajo y esto solo se logra con inversión privada, con una industria fuerte y con un comercio establecido y legalizado.

¡Se tenía que decir y se dijo!

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