Opinión

El 5 de julio de 1811 la participación de las regiones históricas en el proceso de emancipación: Por Felipe Hernández g.*

 Opinión.- El 5 de julio de 1811 es el acto central del proceso político-jurídico de independencia de nuestro país que comenzó el 19 de abril de 1810, y cuya primera etapa culminó con la promulgación de la prima Constitución de Venezuela, el 21 de diciembre de 1811. Cada año, en esa fecha se conmemora nada más y nada menos que la Declaración de Independencia frente a la monarquía de España, con razón, es recordada como una de las fechas principales de nuestra historia republicana.

La declaración de independencia sustenta suficientemente las razones por las cuales había que declararse independientes. Como tal, el Acta de Independencia va a ser un muy bien fundamentado alegato de las razones por las cuales se declara la independencia. El primer párrafo va a ubicar el contexto en el cual se va a justificar la declaratoria:

“En el nombre de Dios Todopoderoso, nosotros, los representantes de las Provincias Unidas de Caracas, Cumaná, Barinas, Margarita, Barcelona, Mérida y Trujillo, que forman la Confederación Americana de Venezuela en el continente meridional, reunidos en Congreso, y considerando la plena y absoluta posesión de nuestros derechos, que recobramos justa y legítimamente desde el 19 de abril de 1810, en consecuencia de la jornada de Bayona y la ocupación del trono español por la conquista y sucesión de otra nueva dinastía constituida sin nuestro consentimiento, queremos, antes de usar de los derechos de que nos tuvo privados la fuerza, por más de tres siglos, y nos ha restituido el orden político de los acontecimientos humanos, patentizar al universo las razones que han emanado de estos mismos acontecimientos y autorizan el libre uso que vamos a hacer de nuestra soberanía”.

Si bien la independencia fue declarada por el Congreso el 5 de julio, el Acta por la cual se justifica política y jurídicamente sólo será leída, aprobada y suscrita el 7 de julio, habiendo sido redactada por Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi… Los pueblos de la región histórica guariqueña fueron de los primeros en apoyar la gesta emancipadora iniciada en Caracas el 19 de abril de 1810, y al igual que otras regiones declaradas en rebeldía, sufrió las consecuencias de la derrota republicana ocurrida en 1812.

En ese contexto, cuando Alejandro de Humboldt visitó en 1799 la ciudad de Caracas, pudo notar el interés apasionado de sus habitantes por la política. La jornada del 19 de abril de 1810, confirma tal apreciación. La población de entonces no se detuvo en su propósito independentista, se congregaron y escogieron los diputados; luego se reunieron el 2 de mayo de 1811, en un congreso de notables. Estos constituyentes enfrentaron valerosamente conceptos y principios sembrados por la corona española para controlar la sociedad colonial. Aquellos hombres dieron legalidad a la Independencia, la cual recogieron en un acta donde estamparon sus firmas y posteriormente, redactaron la primera Constitución de Venezuela, con la cual nace la Primera República.

Un buen número de los firmantes de la Declaratoria del 5 de Julio de 1811 provenían de las distintas regiones y/o provincias que constituían la Capitanía General de Venezuela, muchos de ellos murieron como mártires de la libertad en plena guerra. Otros alcanzaron a vivir lo suficiente para prestar apreciables servicios a la Gran Colombia, y luego, a la República, después de 1830. Algunos se extinguieron en la oscuridad y de otros se pierde el rastro vital. Unos pocos al parecer aceptaron de nuevo el régimen español, con el cual colaboraron, o convivieron. Cualquiera que hubiese sido su origen social o su procedencia geográfica, así como el destino final de los constituyentes, sus nombres están escritos al pie de la Declaratoria de Independencia. De ellos, dos procedían de los Llanos del Guárico. El párroco Salvador Delgado, natural de Calabozo y diputado por Nirgua, y el doctor Juan Germán Roscio Nieves, natural de San Francisco de Tiznados y diputado por Calabozo.

En ese proceso regional, donde se enfrentaron “venezolanos realistas contra venezolanos justadores por crear la Patria propia” (B. Tavera-Acosta, 1992), a través del proceso de independencia que hizo saltar al escenario público de la Capitanía General de Venezuela a pueblos, comunidades y colectivos sociales que habían actuado regionalmente durante la dominación hispánica. Su primer paso, ante los acontecimientos generados en España por la invasión napoleónica en 1808, consistió en declarar a sus localidades y regiones históricas como entidades soberanas. Lo concreto y la intensidad de sus vivencias en amplios y accidentados espacios que hacían difícil la comunicación habían desarrollado un alto grado de representación social cargada de espíritu autonómico. Ésta acción les permitió consolidarse rápidamente como colectivos para actuar en la coyuntura emancipadora, asumir actitudes con libertad de criterio y definir sus propios caminos ante las contradicciones entre el concreto y conocido modo de vida monárquico y las abstracciones jurídico-políticas de una distante república en construcción… Los “pueblos” reclamaban la facultad de participar como soberanos en el debate político y militar, en virtud del antiguo “derecho natural y de gentes” que los regía como comunidad territorial.

Como ocurría en las provincias de la Península Ibérica y demás territorios de América, las noticias de la abdicación del Rey Fernando VII, la convocatoria del Consejo de Regencia y la formación en Caracas de la Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII, iniciaron en varias de las ciudades de la Capitanía General de Venezuela, durante 1810, un inusitado movimiento juntista. En Cumaná, Barinas, Mérida, Trujillo, La Grita, San Cristóbal y Barcelona se constituyeron Juntas para reasumir “la autoridad soberana” con sustento en “los derechos de los pueblos”, como se hizo saber en las diversas actas firmadas entre abril y octubre de 1810 (C. Parra-Pérez, 1992). Estas Juntas, constituidas a partir de los miembros del cabildo y ampliadas con la presencia de los “notables” en las villas y ciudades para hacer frente y dar respuesta a los sucesos de España, originaron la conformación y actuación en la Capitanía General de Venezuela de colectivos sociales locales y regionales que se manifestarían en lo sucesivo en el largo proceso de construcción de la nación.

En esos días se echó a volar una anécdota, especialmente entre los sectores del pueblo llano, se decía que Fernando VII –uno de los monarcas más grises de la historia de España— era un empedernido fumador de cigarrillos y que su cuerpo despedía un olor fétido. La información corría entre las masas, lo que acrecentaba el rechazo al Rey porque “era muy hediondo”.

Francisco Herrera Luque en “La historia verídica, fabulada y verosímil” Boves “El Urogallo” (1975: pp. 98-99), relata que: “El 5 de julio de 1811 fue el día fijado en todas las provincias de la Capitanía General de Venezuela para declarar la Independencia. En Calabozo, como en Caracas y en Valencia, hubo fiestas y jaranas a granel. José Tomás Boves, entusiasta como ninguno, tenía preparada una bandera tricolor con una leyenda que decía «Viva la Patria», que colgó a la entrada de su tienda. En la puerta misma de su casa disparaba cohetes y servía aguardiente ayudado por Juan Caribe y el indio Eulogio.

— ¡Que viva la independencia y abajo los chapetones!…  —clamaba lleno de júbilo. Arrieros y caporales entraban en su pulpería. A todos alegre, invitaba: 

— ¿se echa un palito, Ño Domingo? —le decía a un zambo viejo, o —venga pa’ acá, mi hermano, para que disfrute de un cocuy que me mandaron de El Tocuyo.

En la Plaza Mayor la banda municipal tocaba desacompasados aires marciales. En lo alto del ayuntamiento una nueva bandera, amarilla, azul y roja, sustituía la amarilla y gualda de España. Boves la miró y tuvo un calofrío de remordimiento. Lo consoló la explicación que le había dado Don Juan Corrales sobre el origen de la nueva bandera:

— Dicen que al General Miranda, que es un hombre además de bragao muy ceboso, y que le preguntó una condesa rusa sobre los colores de su insignia, y el general, que no había pensado en esos detalles, y que se le quedó viendo y le dijo: Amarilla como vuestro pelo, azul como vuestros ojos y rojo como vuestros labios. Está demás decirte, que después de esa explicación se empiernó con la condesa”.

¿Quiénes eran los diputados naturales del Guárico?

Juan Germán Roscio Nieves: nacido en San Francisco de Tiznados–Guárico (Provincia de Caracas), el 27 de mayo de 1763, murió en la Villa de Cúcuta (Colombia), el 10 de marzo de 1821. Hijo de padre italiano y madre criolla. Abogado y político, fue uno de los ideólogos del movimiento de la independencia. Diputado por Calabozo, le correspondió el honor de extender la fe de vida de la nación venezolana. Fue el principal redactor del Acta de la Independencia en julio de 1811.

Juan Germán Roscio junto con Francisco Isnardi y Fernando Rodríguez del Toro e Ibarra, fueron los miembros de la diputación que presentó al ejecutivo dicha acta. Participó en la elaboración de la primera Constitución de Venezuela, sancionada el 21 de diciembre de 1811.

Salvador Delgado y Espinoza: De Calabozo-Guárico (Provincia de Caracas) ciudad donde nació el 25 de diciembre de 1774 y murió en Caracas, el 7 de mayo de 1834. En 1801 obtiene el título en Filosofía y Teología, ocupó la vicaría foránea de la ciudad de Nirgua, donde ostentó los cargos de Juez Eclesiástico del Partido y Comisionado Subalterno de la Santa Cruzada. Firma el Acta de la Independencia como diputado por Nirgua en julio de 1811, y de la Constitución del 21 de diciembre de ese año, en esta última salvo su voto por el artículo que trataba de los fueros, con el que no estaba de acuerdo por considerar que “…degradaba a los ministros del culto…”. Para representar los lugares y sitios del Guárico —adscritos al partido de San Sebastián—, además de Juan Germán Roscio, resultaron electos diputados, el caraqueño Martín Tovar Ponte, y Felipe Coto Paúl, también caraqueño con vinculaciones en San Francisco de Tiznados y Ortiz —era hermano de Antonio “Coto” Paúl—.

Finalmente, el 5 de julio es una fecha para conmemorar un evento esencialmente civil, como pocos ha habido luego en nuestra historia republicana: ante la situación política derivada de la invasión napoleónica a España, los venezolanos se plantearon hasta qué punto era legítimo el sometimiento a esa Corona. El proceso de independencia fue así, en su origen, un planteamiento fundamentado en ideas, y en la preocupación por cuál era el camino legítimo y correcto a seguir como Nación.

UNESR-Cronista Oficial del Municipio Infante (Valle de la Pascua) // [email protected]

Valle de la Pascua, 04 de julio de 2020.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar