Opinión

EL PICO Y PALA y otros lugares del antiguo sector… FELIPE HERNÁNDEZ G*.

Opinión.-  En la historia de los asentamientos urbanos, las calles, plazas, edificaciones, vecindarios, sitios y sectores, siempre han constituido puntos focales, lugares de reunión o puntos de referencia de sus habitantes. En la periferia se localizan los espacios vacíos, que no san más que lugares apartados de las dinámicas urbanas, y que poco a poco se van incorporando al pueblo o a la ciudad propiamente dicha, por ello su devenir está ligado a una temporalidad incierta. Aunados al crecimiento urbano, son lugares de posibilidades para impulsar la reforma de zonas deprimidas y para aportar futuras expectativas y oportunidades para su integración a la ciudad.

Dicho de otra manera, son lugares apartados u abandonados, con un potencial para convertirse en espacios transformadores. En definitiva, espacios inactivos, espacios de nada, a veces receptáculos de un pasado que más cercano o más lejano, termina por reemplazar el ahora.

En ese orden, hasta los años veinte del siglo XX, Valle de la Pascua era un pueblo. Si se toma como referencia la Plaza Bolívar, ubicada  en el centro de la pequeña villa, el casco urbano propiamente dicho se extendía: Por el norte: la actual calle Paraíso, a una cuadra de la Plaza, luego el sitio llamado Cujialito, y la llamada calle El Ganado (El Ganao). Por el este: la actual calle Camaleones, a dos cuadras de la Plaza, era un camino que salía a la actual calle Atascosa. Por el sur: hasta la actual calle El Roble, distante cuatro cuadras de la Plaza, a lo que seguía el caño de La Vigía, y por el oeste: hasta la calle La Mascota, a dos cuadras de la Plaza Bolívar, seguía un barranco llamado El Hoyo (El Joyo), sitio hoy poblado, llamado Las Escalinatas, y a un costado, el camino o la bajada de Chaguaramas, donde nacía la calle Real. Eso era el casco urbano del pueblo, luego venía la periferia, los llamados espacios suburbanos o suburbios.

Valga acotar, que en 1934, el Concejo Municipal aprobó cambiar el nombre de la calle Real y parte de la calle Camaleones por Av. Gómez, el acta de la Sesión Extraordinaria realizada el 8 de diciembre de 1934, dice: “…bajo la presidencia (e) de José Ramírez Camero, y de los concejales: Juan Francisco Bolívar Loreto, Emilio A. López, Román Castro, Jesús Silva Carpio y el secretario, Pedro Manuel Escobar Ramírez… el objeto de la sesión es poner en consideración… un Acuerdo en el que la Municipalidad se asocia a una iniciativa del Jefe Civil del Distrito Infante [Cnel. Emilio del Corral], de dar el nombre de “Avenida Gómez” a una calle de esta ciudad que había reparado para inaugurarla el mismo 19 de diciembre y la cual parte de la esquina de El Chorro [calle Real c/c Camaleones], sigue al norte por espacio de una cuadra y luego con dirección al este (calle Real), pasando por la esquina de La Alcabala, empalma con la carretera oriental [vía Valle de la Pascua-Tucupido]… El Acuerdo fue aprobado unánimemente… Se dispuso pasarlo… al jefe civil del Distrito para los fines legales y participarlo al Benemérito General Juan Vicente Gómez, Presidente de la República y al Ejecutivo del Guárico”.

En el libro Historia de Valle de la Pascua, su autor, F. Hernández (2006), expone: “La situación demográfica de Valle de la Pascua a partir de 1926, y como consecuencia del inicio de la explotación petrolera… el valor de la exportación del petróleo fue superior a la del café, con lo cual se inicia el fin de la era agropecuaria y el inicio de la petrolera, lo cual determinó que la población de Valle de la Pascua se viera disminuida de 11.053 habitantes en 1926, a 4.870 en 1936 (P. Cunill Grau: 1984), lo que indica, que se estaba gestando un nuevo proceso de urbanización sobre la base del campo petrolero, con la consecuente pérdida de la población de todos aquellos centros urbanos que tenían fuerte vinculación con los quehaceres agropecuarios, como era el caso de Valle de la Pascua”.

II.- El SECTOR PICO Y PALA, ubicado al sur del poblado, se extendí por la calle La Atarraya (llamada entonces calle de La Candelaria) desde la esquina de Las Mulitas (calle Atarraya c/c El Roble) para ese entonces ahí terminaba La Atarraya y comenzaban los caminos que conducían al caño de La Vigía, La Jacobera, Corozal, Jácome y otros apartados vecindarios y sitios. En ese corto espacio de tres cuadras aproximadamente, donde antes hubo potreros, jagueyes, pequeñas fincas, casas de campo, ventorrillos, tugurios y garitos de mala reputación, y caminos, nació sector El Pico y Pala. Su nombre se debe al bar “Pico y Pala”, un botiquincito de mala muerte propiedad de Antonio María Martínez. El local era un ranchón cobijado con palma ubicado al pie del cerro de La Planta —por la planta eléctrica que “alumbraba” al poblado—, ubicado aproximadamente, al frente del lugar donde está o estuvo la venta de neumáticos del Sr. Manuel Álvarez, en la calle Atarraya c/c Cinco de Julio. En dicho bar se expendían tragos, había rockola y damas que entretenían y servían a los clientes.

Informa Salomón Oropeza (2020), “En ese lugar había un cerro, que fue cortado a mediado de los años cuarenta aproximadamente, cuando la compañía de Juan Giral construyó la carretera nacional El Sombrero-Chaguaramas-Valle de la Pascua, abrió la actual calle La Vigía que era un camino y expandió la calle Atarraya hacia el sur. Al sitio le pusieron el nombre de Pico y Pala, por un barcito donde se expendían copas y había damas que atendían a los clientes, el local del bar Pico y Pala fue derribado al igual que el cerro que estaba al frente para expandir las citadas calles”.

III.- La esquina de Las Mulitas, ubicada en la calle La Candelaria (La Atarraya) c/c El Roble, llamada así desde finales de los años 20 y hasta los años 50 aproximadamente, porque en las cuatro esquinas siempre hubo bodegas y establecimientos de víveres, a donde acudían en sus monturas las personas de los vecindarios y caseríos rurales circunvecinos a aprovisionarse de alimentos y otros víveres necesarios, al llegar a la bodega, amarraban sus animales en los postes de madera del alumbrado o del telégrafo. Los burros generalmente venían del campo cargados de topocho, yuca, granos, leña, queso, leche, tabaco, etc., y los caballos y mulas cargaban a sus dueños.

Para los años 40ss en ese cruce de calles había cuatro bodegas, una en cada esquina; noreste, don Rosendo Cabrera; noroeste, Vicentico Fraile; en la esquina suroeste, Ramón Vicente Loreto, y en la del sureste, la bodega de don Víctor Ramón Ortega. Dichas esquinas en el tiempo han cambiado varias veces de nombre y dueño, desde la esquina del Pico y Pala, hasta la recordada esquina de “La Bruja”, por un establecimiento de parrillas y comida con ese nombre, que en los años 70 y 80 regentaban las hermanas Inés y Nancy Cabrera. En la actualidad se le conoce como las esquinas del Catire Fraile, y de Carmelo Sarmiento.

Informa doña Vestalia de Ortiz, que ella vivía en la calle Retumbo con sus padres “Ismael Camacho y Eloísa de Camacho y sus hermanas: Mirna, Fanny y Thais”, cuando las mandaban a hacer alguna compra o a buscar agua, siempre las alertaban, diciéndoles: “no pasen por detrás de esos bichos y si lo hacen, páseles lejos, porque le pueden dar una patada”. Cree, que el tránsito por la Atarraya se aceleró a partir del año 1947, cuando “se acondicionó la parte que pasa frente a Fordllano, para hacer una carrera de carros que organizó la señorita Flor Manuitt, la cual partió de la carretera negra en la parte donde está la clínica Los Llanos… ya existía el negocio de Juan Matos Marrero y creo que la bomba también…”.

En la Venezuela decimonónica y hasta la primera mitad del siglo XX, los caballos, asnos y mulas eran el principal medio de transporte de personas en estos contornos.

Tan importante fueron los caballos y acémilas, que la historia recoge la querencia del Gral. Juan Vicente Gómez por los equinos, entre otros, su caballo “Fogonazo”, que montaba en sus últimos años, durante su sepelio, encabezó el cortejo fúnebre desde la quinta “23 de mayo” en “Las Delicias” de Maracay, hasta el mausoleo familiar edificado en una céntrica calle de la Ciudad Jardín. Del mismo modo, tuvo especial afecto por su mula “Guitarra”, que montó durante la “Invasión de los sesenta” acaudillada por su compadre Cipriano Castro, y que salió de su hacienda en Cúcuta, “Buenos Aires” el 23 de mayo de 1899, y finalizó en Caracas el 22 de octubre de ese año, para derrocar al gobierno de Ignacio Andrade (R. Zamora H. (2020). Montado en ellos visitaba sus haciendas en los alrededores de Maracay y hasta asistía a actos oficiales.

Al respecto, apunta Domingo Alberto Rangel (citado por Roberto Zamora H. (2016), que “en la víspera de la partida de esa incursión armada, el 22 de mayo hablándole al oído mientras le sobaba la barbilla, le dijo Gómez a su mula: “Al Capitolio o a la muerte, como dice Don Cipriano. Ya lo sabes “Guitarra”.

IV.- El sector Pico y Pala se empezó a desarrollar en el segundo lustro de los años veinte, y para los cuarenta ya era reconocido como tal, sobre todo a partir de la construcción de la carretera nacional (llamada la carretera negra), construida según testimonio del señor Salomón Oropeza (2019), y la Sra. Vestalia de Ortiz (2020), “por la compañía de Juan Giral,  contratista cubano que tenía el campamento con la maquinaria donde está la urbanización Las Lomas, y cuya entrada era por donde aún pervive el gran árbol de jabillo, al lado de la sede del PIN (Policía Integral Municipal)”. Dicha carretera partía de El Sombrero, pasaba por Chaguaramas, Valle de la Pascua, El Socorro, Santa María de Ipire, Pariaguán, Guayana. En La Pascua se desviaba para entrar al poblado. Es la actual calle La Vigía, que para ese entonces era un camino de recuas.

 Recuerda la Prof. Arleny Hernández (2020), que sus mayores contaban, que hasta los años 40 del siglo XX aproximadamente, el pueblo de La Pascua por el Sur llegaba hasta el caño de La Vigía, y que las familias que vivían en el centro (casco central) tenían propiedades en las inmediaciones de dicho caño, a las que se referían como “la casa del campo”, ahí sembraban y tenían vacas, cerdos y aves de corral, generalmente las familias las visitaban los fines de semana, a modo de ejemplo, entre otros, refiere el caso de la familia de Dimas López Arzola… quien en el lugar donde estuvo la pollera de “Cunaguaro” tenía un potrero de paja del Pará donde habían unos jagüeyes que surtían de agua a los habitantes de los alrededores. En una oportunidad, en el sector se desató una epidemia de diarrea, vómito y erupciones en la piel, y el médico que trató a los enfermos [Ángel Vicente Ochoa], determinó que era por contagio con heces fecales, por lo que a los jefes de familia hizo entrega de pastillas de azul de metileno (azulillo) para que le echaran a las letrinas y excusados. Cuando examinaron el agua de los jagueyes encontraron presencia de azul de metileno y trazas de bacterias fecales, por lo que el Instituto de Malariología ordenó el cierre de dichos pocitos…

Relata Salomón Oropeza (2019), que Dimas López Arzola fue “casado con doña Pancha Marrero, vivía en la calle Atarraya cruce con Las Flores, esquina noroeste, donde además de vivienda tenía una bodega, y era dueño de un potrero en las inmediaciones de la pollera de “Cunaguaro” y del actual hotel Montecarlo… Potrero que alquilaba para que pastara el ganado y las bestias de los arrieros que venían a Valle de la Pascua o trasladaban madrinas de ganado a Villa de Cura y otros lugares, por ejemplo a los Cobeña del hato “El Palito Cobeñero”.

La Sra. Mirna Camacho de Gómez (viuda del recordado periodista Pedro Antonio Gómez) refiere que su familia vivía en la calle Retumbo, entre Bolívar y El Roble, corrían los años 40, apenas era una jovencita, junto con sus hermanas Fanny y Vestalia, y doña Emiliana González, Ana Luisa López, la maestra Esperanza Villasana, doña Chicha de Álvarez y otras familias del sector, en esos años y primer lustro de los 50 aproximadamente, cargaban agua de esos jagueyes para realizar los quehaceres del hogar.

V.- El llamado cerro de La Planta, su cima se ubicaba en las inmediaciones donde estuvo o está Hielo Alaska y el edificio Lemmo, y su falda se extendía: por el norte, casi hasta la calle El Roble; por el este hasta la calle Retumbo, por el sur hasta la esquina de Mónico Herrera (atarraya c/c calle Atascosa), y por oeste, casi hasta el caño de La Vigía. Fue derribado a principio de los años cuarenta por la Compañía La Vica, dirigida por el recordado Ing. Ángel Graterol Tellería (quien escribió el sabroso libro “Camino Andado), asegurándose, que “el derribamiento del cerro se debió a la concesión otorgada en 1936 a las compañías petroleras Compañía Standar y Stand Oíl Company of Venezuela”, que tenían su campamento en el actual cruce de las calles Atarraya con 21 de Enero” (actuales esquinas de Ellio Velásquez, Bar La Juventud, edificio Ipire, etc.) y requerían una carretera para llegar hasta el lugar. De esta concesión, en algunas actas del Concejo Municipal, se puede leer:

– Acta Nº 6.- Concejo Municipal del Distrito Infante. Sesión extraordinaria del 15 de mayo de 1936, con asistencia de Antonio César Belisario, presidente y los concejales M. García Méndez, Alejandro Campagna, Rafael Simoza, Juan Antonio Ledezma, Rafael María Ledezma y Juan Suárez y el secretario, Jesús López… El concejal Rafael María Ledezma propuso con respecto a la solicitud que hace la Compañía Standar de Caracas, se nombrara una comisión para estudiar el caso, y puesta en consideración… fue aprobada unánimemente, la comisión quedó integrada por: Rafael María Ledezma, Juan Suárez y Alejandro Campagna. Se acordó solicitar al Ejecutivo la recopilación de Leyes, y la Ley de Hidrocarburos.

– Acta Nº 7.- Sesión extraordinaria del 20 de mayo de 1936… Fue acordado dirigirle telegrama al Secretario General del Estado… “Se ha recibido en este Despacho una solicitud de la Compañía Standar para exploración de hidrocarburos en los Municipios del Distrito, los cuales mayor parte ocupados por arrendatarios. Ruégole instruir a este Concejo para no obrar con ligereza”.

– Acta Nº 8.- Concejo Municipal del Distrito Infante. Sesión ordinaria del 1º de junio de 1936… El presidente expuso: “En vista de la solicitud hecha por Paul Anduz, representante de la Stand Oíl Company of Venezuela, presentó un… contrato modificando el presentado por aquel, fue leído. Y puesto en consideración del cuerpo, fue aprobado…

  Derribado el cerro, a orillas de la nueva vía se continuó construyendo viviendas, entre otras la de doña Calixta Aray, Víctor Ramón Ortega, padre de la maestra Pureza Ortega de Gamarra, la familia del recordado Prof. José Antonio Loreto-Loreto, la familia Sotillo y otros. Aunque la calle era un gran barrial, también se fueron estableciendo bodegas y comercios, es recordada la carnicería de Pablo “El Italiano” quien desaparecido el bar “Pico y Pala”, tomó prestado el nombre. De ese tiempo son la fábrica de Hielo Alaska de Tobías Villasana, el sórdido bar-restaurant de María Sierra, el bar ¿? azul y otros garitos. Y la “Quincalla Maritza” de Calazán Villasana y la maestra Esperanza Villasana, ubicada en la calle 5 de Julio entre la Atarraya y la  bifurcación hacia las calle La Vigía; la Pollera de Cunaguaro de José Gregorio “Cunaguaro” Hernández, lugar con historia y muchas anécdotas, donde en las madrugadas los serenateros y trasnochadores terminaban su faena bohemia. El hotel Montecarlo de don Ignacio Sigona, construido entre finales de los años setenta y principio de los ochenta, a la inauguración asistió el Dr. Luis Herrera Campins, Presidente de la República (marzo, 1979- febrero, 1984), quien fue compadre de don Ignacio. Hoy además del hotel, en el sector proliferan comercios (los Loreto, Sarmiento), y de chinos, buhoneros y tiendas de mercancía seca de árabes.

Hasta los años ochenta poco más o menos, el sector todavía era llamado “El Pico y Pala”, en la actualidad, las personas al referirse al lugar y sus alrededores, es común que señalen “por donde está el hotel  Montecarlo” o “el comercio de Carmelo Sarmiento”.

Finalmente, recordando al Pico y Pala se puede comprender el presente porque esos sitios y personajes humildes, son esencia viva de este pueblo que nunca se nos perdió, con su enaltecimiento perduran las honras que perviven en registros de recuerdos que el tiempo ni nada ni nadie han podido borrar. Y por ello y mucho más, está en la memoria de cada cuadrito de la ciudad de siempre, con el sentir de tantos que la caminan respirándola con sus mínimos detalles que la hacen agradable, dulce y grande.

REFERENCIAS

CONCEJO MUNICIPAL. Distrito Infante. Acta de la Sesión Extraordinaria del 08-12-1934.

CONCEJO MUNICIPAL. Distrito Infante. Actas de las sesiones  6 y 7 del 15 y 20-05-1936; y 8 del 01-06-1936.

CUNILL GRAU, Pedro. (1984): El País Geográfico en el Guzmanato. Caracas: Talleres Gráficos del Congreso de la República.

GRATEROL TELLERÍA, Ángel. (1982): Camino Andado. Caracas: Tipografía de Miguel Ángel García e Hijo.

HERNÁNDEZ G. Felipe. (2006): Historia de Valle de la Pascua (1725-2000). En los Llanos del Guárico. Caracas: Tipografía de Miguel Ángel García e Hijo.

ZAMORA H. Roberto. (2020): Papeles del exilio N° 57. Las bestias de Don Juan Vicente… Facebook, 31 de mayo de 2020

Informantes

Prof. Arleny Hernández, domingo 31 de mayo de 2020.

Daniel “Fufa” Celaya, sábado 17 de mayo de 2020.

Sr. Francisco González Arzola, domingo 31 de mayo de 2020.

Don Juan Flores, sábado 17 de mayo de 2020.

Sr. Joseíto Pérez Camero, sábado 17 de mayo de 2020.

Sra. Mirna Camacho de Gómez, diciembre 2019.

Sr. Salomón Oropeza Ávila, 06 de abril de 2020.

Sra. Vestalia de Ortiz, 01 de junio de 2020.

Valle de la Pascua, 04 de junio de 2020.

* UNESR // Cronista Oficial del Municipio Leonardo Infante // [email protected]

Fotografía: José Antonio Hernández H (2020). – Inicio del sector El Pico y Pala: calle Atarraya c/c El Roble (Esquina de Las Mulitas), al fondo se ve la fachada de lo que fue la Quincalla “Maritza” en la calle 5 de Julio entre las calles La Atarraya y La Vigía que sale a la derecha.

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