Opinión

Juego trancado: José Dionisio Solórzano

Opinión.-  En Venezuela el juego está trancado, y la «cochina» quedó por fuera. Sí señores, el juego político venezolano está cada vez más enredado para tirios y troyanos, para los de una acera y la otra.

En el caso de Juan Guaidó no le queda más camino que cambiar por completo la estrategia que venía ejecutando. Aquel mantra del «cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres» está caduco y no surtió el efecto deseado.

La oposición venezolana debe comprender que este camino, hasta ahora recorrido, llegó a un callejón sin salida. Es hora que asimilen que otros caminos son más deseables y realizables como por ejemplo enfocar esfuerzos en acudir a las elecciones parlamentarias próximas, reagrupar a la oposición y enfilar la estrategia hacia la concreción de un Referendo Revocatorio contra Nicolás Maduro.

Pensar que se logrará el cese de la usurpación en las actuales condiciones políticas  en el país, más que una imposibilidad es una locura desmedida.

Ahora bien, Nicolás Maduro tampoco puede cantar victoria. Si bien es cierto que la crisis de salud, debido a la pandemia le permitió sentarse mejor en la silla y desarticular las acciones que llevaban adelante desde la oposición, tampoco es menos cierto que la crisis de combustible, la cual no ha terminado, y la falta de liquidez, es una espada de Damócles que pende sobre la cabeza de su gestión.

Maduro, a pesar que supo aprovechar las circunstancias producto del Coronavirus no las tiene todas consigo. El clima social debido a la escasez de gasolina es una bomba a punto de hacer explosión, y hasta el clima conspira en su contra, la prolongación de verano puede traer que en los venideros meses de siembra pasen y que las cosechas se pierdan, lo que es sinónimo de hambre.

Es cierto, Nicolás Maduro está sentado en la silla de Miraflores a pesar que Guaidó se juramentó como presidente de Venezuela el 5 de enero del 2019. Es cierto, Maduro sigue al frente del Estado,  a pesar que cerca de 60 países no lo reconocen como tal; empero, su sostén en el poder no está sembrado en una tierra fértil, por el contrario está sobre terreno pantanoso e inestable.

Y, en la otra esquina dentro de la oposición siguen jugando su propio juego. Entre muchos factores que pululan en este sector solo vale la pena hacer mención a aquel que está en posesión de la Asamblea Nacional, es decir a la Junta Directiva que encabeza el diputado Luis Parra.

En ningún cálculo político que se haga en este momento puede dejar por fuera a este grupo que logró tumbarle el control oficial del Parlamento a Juan Guaidó.

Parra debe jugar bien las piezas que le quedan para sobrevivir a la actual vorágine y mantenerse como un punto medio entre los flancos más conflictivos de la vida pública nacional.

Y por último, está el «Chavismo originario» que posee altibajos en su presencia mediática, aunque es incuestionable que siguen operando para acceder a un cambio en el actual esquema político venezolano.

Sin duda, el juego está trancado, veremos para ver quién tiene la «cochina».

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

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