Opinión

La Silla Vacía: Por. Williams Caballero López

 Opinión-. En miles de hogares venezolanos, durante la Cena de Nochebuena, resaltará una silla vacía. Una silla que nos recordará que ese ser querido ya no está allí para abrazarlo o para desearle «una Feliz Navidad».

Esa silla que dejó vacía el desespero producido por la mayor crisis económica de nuestra historia; la que dejó ese hermano, hijo, o esposo que – en medio de la pandemia – decidió irse porque no aguanta más el hambre, la pobreza, el desasosiego.

Esa silla vacía que deja la crisis económica que evitó que se tratara como era debido a ese pariente que sufría de cáncer, diabetes o del corazón; esa silla vacía de una víctima más de la descomposición económica que se vive en Venezuela.

O tal vez, el ocupante se lo llevó el Coronavirus, esa enfermedad que nos golpea – y lo sigue haciendo – de una forma cruda y ruda; el Covid-19 es, sin duda, uno de los grandes culpables de que muchísimos asientos del comedor luzcan vacíos este 24 de Diciembre.

Ya sea por una o por otra causa, esta Navidad tendremos a muchas personas que recordar, muchos abrazos que se quedarán – por siempre – pendientes; muchos rostros que solo estarán presentes en nuestra memoria. Una realidad demasiado difícil.

Y, más doloroso será cuando escuchemos, el 31 de diciembre, por la radio – como es tradicional en los hogares de los venezolanos – aquella canción de «faltan 5 pa’ las 12» o el poema de Andrés Eloy Blanco: «Las 12 uvas del Tiempo». Al oír esto, más de uno soltará las lágrimas, entristecidos por la ausencia que se hace presente en forma de tristeza o melancolía.

Qué opacas han sido estas Navidades y aunque no son las primeras así, sí han sido una de las más complicadas, enlutadas y amargas de los últimos 15 años. Y es que esto que llaman “Revolución” expropió hasta la felicidad decembrina, nos borró la sonrisa del rostro… Acabaron con todo a su paso.

Me detengo y pienso en otros tiempos. Aquellas temporadas donde los habitantes de Puerto La Cruz – llenos de emoción, con los bolsillos repletos de aguinaldos – con entusiasmo y la febril emotividad de las fechas –  colmaban la calle Sucre y la Avenida 5 de Julio.

En aquella Venezuela llamada «capitalista» millones de obreros, profesionales, técnicos iban a las tiendas a comprarles los juguetes a los niños, adquirir los estrenos de Noche Buena y Fin de Año; en aquellos tiempos, a los venezolanos se les veía la alegría en la cara.

Ahora, entre sillas y mesas vacías, dominados por la nostalgia y por la incertidumbre, serán millares los hogares donde más de uno dirá: «hasta mañana, me acostaré temprano». Porque sin comida, sin estrenos y sin sus seres queridos ¿qué ánimos podrá tener para festejar ninguna fecha?

Esta es una realidad que nos explota en la cara, una realidad que es cada vez más insoportable, más fuerte y más evidente ante los ojos de todos los venezolanos y del mundo entero. La pregunta es ¿qué haremos para cambiar esto en el 2021?

¡Amanecerá y veremos!

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