Opinión

Los dos venezolanos

Opinión.- En el ámbito socioeconómico pudiéramos calificar a dos tipos de venezolanos que conviven día a día en medio de la crisis permanente que se ha sostenido a lo largo de los últimos 20 años.

Por un lado tenemos al venezolano que pasa su tiempo esperando la bolsa de Clap. Es una persona resignada, que agradece lo poco que el «papá Estado» le envía.

El «venezolano-Clap» es poco productivo, nada visionario y escasamente comprometido con el porvenir. Agradece la ayuda recibida y se queda esperando que le depositen los bonos del Carnet de la Patria para seguir sobreviviendo.

Este tipo de venezolano es la construcción, o mejor dicho la destrucción, ocasionada por la filosofía de vida planificada e impulsada desde el Palacio de Miraflores. Podríamos llamarlo el «hombre nuevo» del Socialismo del Siglo XXI.

Justo al frente tenemos al «venezolano innovador», este es una persona que teniendo o no un sueldo fijo se rebusca en cualquier negocio que se le atraviese por delante.

Este es el prototipo, cuando había gasolina, del venezolano que terminaba la jornada laboral y aprovechaba para hacer «un par de carreritas» para redondear el sueldo. Este tipo de venezolano no duerme pensando qué hacer y cómo hacerlo para que en su casa no falte el sustento de cada día.

En esta segunda versión, lastimosamente, debemos hacer una separación. Hay un innovador correcto, es aquel que se reinventa todos los días creándose entradas legales y honestas para la sobrevivencia de su familia, y está el que hace lo mismo, pero usando canales impropios.

Por ejemplo: Quienes hacen negocios con la escasez de gasolina, los mismos que bachaqueaban alimentos y medicinas en otros tiempos, son un botón para describir a este estilo de venezolano.

Así como tenemos a ciudadanos que construyen, por los canales éticos, morales y legales, formas de sostén económico, hay otros que optan por la reventa ilegal, la especulación y el contrabando. En pocas palabras siempre hay de todo en la Viña del Señor.

El venezolano acostumbrado a negociar con las dificultades de los demás, con la carencia de los demás, también es fruto de estos 20 años de distorsión económica y de deshumanización de la vida diaria del venezolano.

Sin embargo, estoy convencido que los venezolanos trabajadores y correctos somos más. Creo en ese país que se levantaba de madrugada, antes de la pandemia, para agarrar un autobus e ir a trabajar, creo en ese venezolano que no le tiene miedo al trabajo y hace lo que tenga que hacer para que a sus hijos no les falte comida.

Creo en ese país de hombres y mujeres que luchan cotidianamente para avanzar en medio de una economía viciada y enferma, que se han quedado en el país y lo hacen para seguir dando lo mejor de sí.

Son ellos los que levantarán la economía nacional cuando logremos reorientar la política y la conducción del Estado venezolano tras la salida de Maduro del poder.

Con la acción de venezolanos echados pa’lante, Venezuela será nuevamente pujante y próspera. ¡Así será!

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