Opinión

Rezos y espadas

 Opinión.–  A veces debemos rezar con la espada en la mano; y lo digo como católico que soy, pues, la cristiandad no nos obliga a todos a convertirnos en mártires por causas necias, solo por la defensa de Dios.

En la historia de la fe existen muchos santos – que se hicieron tales – a pesar de vivir una vida militar. Por ejemplo: San Sebastián, San Jorge, Santa Juana de Arco, San Ignacio de Loyola, San Francisco de Asís, San Longinos, San Martín de Tours, San Román Romano, San Teodoro de Amasea y San Expedito.

Sobre el último quisiera resaltar que fue comandante de la XII legión romana, llamada “La Fulminante”, con esta fuerza luchó contra los bárbaros de la región de la actual Alemania.

En una ocasión, rodeados por completo por un ejército bárbaro, sin nada para comer ni beber, totalmente a merced de sus enemigos, San Expedito y sus soldados se entregaron a la Divina Providencia, dejaron todo a la espera de un milagro… Y sucedió.

Los soldados romanos se arrodillaron – cuando era inminente el ataque final de los germanos – y se pusieron a rezar como habían visto hacer a los cristianos, pidieron a Dios una solución urgente. Y fue así como pasó que produciéndose el milagro del agua, llovió y llegó la solución.

¿Entonces, eso fue todo? Sí, pues la lluvia afectó el avance de los germanos, suministró el agua que las tropas romanas necesitaban con urgencia, le dio la oportunidad de reagruparse y ubicarse en áreas favorables para resistir el ataque. Fue así como en ese momento muchos de los soldados se convirtieron al cristianismo; y fue allí donde San Expedito fue tocado por la gracia divina.

Ahora bien, si esos hombres – mártires por la causa de Dios – lograron unir su fe, su devoción con el ánimo de la lucha – cuando ésta es justa – entonces como criticar a aquellos que – decenas de años después – nos negamos a caer mansamente. ¡Señores! La lucha es parte de la real concepción del cristiano.

Sin embargo, ¿qué lucha es esa? La lucha por el bienestar colectivo, por la libertad, por la justicia y por la felicidad de todos. La lucha es del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la equidad sobre la mezquindad. Y, no podemos ser timoratos a la hora de librar este enfrentamiento, no podemos ser débiles cuando luchamos esta batalla en nuestras almas y fuera de ellas.

Los venezolanos de hoy debemos adoptar esta premisa de resistencia. Sí, tenemos la obligación moral, histórica y política de ir a la refriega por un país mejor, por una tierra mejor para nuestros hijos, no podemos quedarnos de brazos cruzados.

Dios no librará las batallas por nosotros; el Señor nos facilitará el camino, nos dará las herramientas y somos nosotros quienes debemos terminar la faena. Así como la lluvia ayudó a San Expedito a ganar, así Él nos brinda las oportunidades para luchar, y creo que una de esas oportunidades – en el caso venezolano – son las elecciones regionales por venir.

Y como dice la canción «no basta con rezar»…

¡Para mí el guarapo dulce, el café amargo y el chocolate espeso!

www.dionisiosolorzano.blogspot.com / @jdionisioss

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